CIENCIA Y CONCIENCIA I


Hemos visto que, según la interpretación que la Escuela de Copenhague, todas las partículas que forman el universo y todo cuanto hay en él, se encuentran en una onda de probabilidad mientras no sean observadas, es decir, que su existencia es virtual o irreal, tan sólo son un conjunto de probabilidades y no pueden tener una realidad tangible hasta que no sea medidas, acto que producirá el colapso de onda. Pero la escuela de Copenhague suponía que los dispositivos de medición se comportaban conforme la mecánica clásica (es decir, como objetos cotidianos) algo que no compartía el matemático Von Neumann quien insistía que estos dispositivos también se encontraban influidos por la física cuántica y formaban una onda de probabilidad enredados con el objeto que estaba siendo medido, en un estado de superposición indefinida. 


Pero… ¿Cómo influye la medición en el colapso de la onda?
Von Neumann descompuso el acto de medir en una serie de pasos denominado “Cadena de Von Neumann”.
Aplicándolo al experimento de la doble rendija la cadena estaría compuesta por:




Sin embargo, la onda se colapsa en algún lugar durante el proceso de medición “salto cuántico”, pero… ¿en que momento de esta cadena?  No se puede colapsar la función de onda si se forma parte del mismo sistema, hay que usar un mecanismo de medición externo… pero, ¿como?

¿Se termina la cadena cuando llega a la conciencia del ser humano? 
En la mecánica cuántica, cuando el investigador observa una partícula, la localiza en un lugar determinado y la deja evolucionar en el tiempo, ésta se convierte en un mancha borrosa llena de posibilidades. Es decir, que lo que estaba bien definido tras la observación evoluciona hacia una mancha indeterminada. Para poder hacer una predicción, el investigador tiene que elegir primero la propiedad concreta que quiere estudiar de dicha partícula y luego diseñar el experimento que permite estudiarla.



Sevilla borrosa

Según el físico Henry Stapp, si se empezara con el Big Bang y se dejara que su estado cuántico evolucionase, todo se volvería difuso. El cielo, las montañas, ciudades… serían una mancha borrosa. Para que no se produzca dicha mancha hay que introducir la observación. Es necesario que exista un experimentador que tenga interés en algo determinado. A esta elección del observador, Von Neumann lo llamaba “Proceso 1” y no está regida por ninguna ley física conocida puesto que la elección no procede del mundo físico sino del mental. Es decir, se trata de algo que va más allá de una mera observación, es una elección, y por ello, se necesita una mente consciente.

Pero… ¿Qué es la conciencia? ¿son mente y cerebro entidades diferentes? ¿existe relación entre los estados mentales (lo conciente, los psíquico) y los estados físicos (cerebro, cuerpo)? 

Estas no son preguntas nuevas, de hecho han estado presente en los obras de los más antiguos filósofos como veremos en próximas entradas. Se denomina dualismo a  la teoría que considera mente y cuerpo como entidades separadas que pueden interactuar juntas. En la mecánica cuántica existen interpretaciones que defienden el dualismo mente-cuerpo.

Una de las más curiosas fue propuesta en 1988, el físico David Albert y el filósofo Barry Loewer y fue denominada como interpretación de las “muchas mentes”. Esta idea está basada en la de los “muchos mundos” de Everett (véase “Al otro lado del espejo”), pero en lugar de creer que tras la medida se producen infinitas copias del universo, defienden que existen infinitas mentes percibiendo resultados diferentes. Esta interpretación, no sólo requiere una separación entre estados mentales y cerebrales sino que, además, y lo que es más sorprendente, que cada cerebro lleve asociado, no una mente, sino, una infinidad de ellas.
Para las “muchas mentes” la onda de probabilidad se debe complementar con los estados mentales del observador. Cada observador se encontraría en un estado de superposición con un pensamiento para cada uno de los resultados del experimento, el observador no es consciente de estar en estado de superposición. Después de la medida el cerebro conciente se da cuenta del resultado, es entonces cuando elige cual de las mentes es la suya.


La idea de que es la conciencia la que colapsa la onda y materializa la realidad ha sido defendida muchos científicos cuánticos como  Von Neumann o Wigner (“Yo pienso, luego tu existes”). En la segunda parte de esta entrada veremos algunas propuestas más recientes. No me perdáis la pista.




Referencias:
- Más allá de la razón: ocho grandes problemas que revelan los límites de la ciencia. AK Dewdney

Entrevista a Henry Stapp