DEL UNO AL INFINITO II




En la primera parte de este entrada me planteaba la pregunta… ¿Estoy realmente sola o hay alguien más ahí?
Por salud mental, voy a intentar huir del solipsismo porque seguir por esta vía equivaldría a escribir esta entrada tan solo para que la lea yo, por eso, prefiero aceptar el reto que la paradoja del "Amigo de Wigner" plantea y explorar otras explicaciones.
Hemos comentado que, quizás, el mundo que nos rodea sea tan sólo un conjunto de percepciones y sensaciones que se producen en la mente de cada individuo, pero, entonces… ¿existe una realidad para cada uno de nosotros? Y si es así… ¿no es cierto que, al mismo tiempo, compartimos las experiencias de una realidad común? ¿Cómo puede ser esto?





Para la psicología transpersonal la conciencia puede ser personal o unitiva. La personal nos dice que somos seres individuales, separados unos de otros,  y percibimos los objetos como una multiplicidad, sabemos dónde acaba uno y donde empieza otro. En cambio, la conciencia unitiva trasciende al individuo, los objetos que parecen estar separados se funden entre sí y nuestro yo se unifica con todas las cosas. Los individuos somos como pequeños elementos dentro de un gran conjunto formado por  la conciencia unitiva.







Siguiendo esta idea, el físico Amit Goswami piensa que quien elige y colapsa la onda de probabilidad es la conciencia unitiva, no local, porque detrás de nuestra aparente individualidad existe una unidad trascendente de la que formamos parte. Por eso, para él no existe la paradoja del “Amigo de Wigner”, no se produce un regreso infinito, puesto que la conciencia de Wigner y la de su amigo no son independientes, sino que forman parte de una conciencia que engloba a ambas. Al mismo tiempo, tampoco sería válida la opción que Wigner plantea sobre el solipsismo.

… Pero, entonces, si la conciencia es una ¿por qué tenemos la sensación de ser individuos separados?





Según Goswami esto se debe a la memoria. Cuando nacemos no tenemos recuerdos, pero conforme se producen medidas cuánticas (observaciones) se construye la memoria en el cerebro. La primera vez que se produce, al no haber recuerdos, la conciencia puede elegir libremente entre las probabilidades cuánticas, pero a medida que se va formando, la memoria refuerza el resultado anterior y surge el condicionamiento. La conciencia individual va perdiendo la libertad de elegir. Goswami  la denomina  “memoria cuántica”, y es aquí donde obtenemos el sentido de ser “yo mismo”, es decir, todo lo que representa la identidad proviene de los hábitos y recuerdos del pasado. Yo soy uno, pero para poder experimentar me he convertido en dos, y al hacerlo hemos adquirido una identidad limitada.







Amit Goswami
Como vimos en la primera parte de esta entrada, quienes defienden el dualismo están convencidos de que la mente y la materia existen de manera separada, como dos aspectos de la realidad que son necesarias y se complementan. Así pues, para un dualista el cerebro produce la conciencia y ésta existe de forma separada del cerebro. Sin embargo, para Goswami, un monista idealista, no es que el cerebro produzca la conciencia, es que el cerebro es conciencia y ambas cosas son necesarias para que se produzca el colapso de la onda de probabilidad y la realidad se materialice. Sin embargo, cerebro y conciencia se generan mutuamente formando una especie de circularidad a la que denomina “jerarquía enredada” (término acuñado por Hofstadter en su libro “Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle). Es como el dibujo de M.C. Escher donde existen dos manos que se dibujan mutuamente, pero en realidad, ninguna de las dos se dibuja, pues es el propio Escher  quien lo hace, en nuestro caso, es la conciencia unitiva quien crea ambas cosas. La separación entre sujeto y objeto es sólo una ilusión.






En el siguiente video se puede ver el ejemplo mencionado sobre el dibujo de Escher








Referencias:
- Ciencia y espiritualidad: una integración cuántica. Amit y Maggie Goswami
- Documental "La física cuántica y la conciencia". Amit Goswami