EL CRÁTER DE ROSARY



A mi abuela Rosario



-Fíjate en la luna, Joana, está tan hermosa esta noche… tan redonda y luminosa, pero su corazón nos oculta tantas cosas…
-¿Cuáles, abuela?
- Aunque te parezca tan grande como el sol, es un granito de arena a su lado y, sin embargo, es capaz de eclipsarlo
- ¿Y si es tan pequeña cómo puede hacerlo?
- Porque envidiosa del astro rey se colocó a la distancia precisa para que nos parecieran iguales
- ¡Que suerte abuela, que sea tan coqueta! ¡Los eclipses son tan bonitos…!




- ¿Sabes que nuestro planeta es demasiado pequeño para tener una luna tan grande? Por eso los astrónomos dicen que es inexplicable
-¡Vaya!
- Además, siempre nos mira desde la misma cara, girando a nuestro alrededor de forma casi circular, ninguna otra luna tiene una órbita así. Cuenta la leyenda que está hueca y que su interior lo habita una civilización muy antigua. ¿Sabes, Joana?  Hace miles de años las noches no tenían luna, pero un día apareció, y con ella la humanidad.
- Entonces, ¿somos lunáticas, abuela?
- ¡Somos selenitas, Joana! -Y ambas rieron a carcajadas-

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Las imágenes enviadas por la Sonda Orbiter X, inundaban la mente de Joana de recuerdos de su infancia. Se sentía orgullosa de su trabajo y se lo debía a su abuela, que había hecho crecer en ella la pasión por el universo, hasta convertirse en una de las más brillantes promesas de la astrofísica, lo que le había permitido realizar sus prácticas en el Instituto de Ciencias Lunares de la NASA. Pero aquel día Joana se sentía diferente, sus recuerdos infantiles se mezclaban con una punzada en el estómago que la mantenía en alerta. En el monitor, la superficie lunar se mostraba tan real, que parecía sentirla en sus manos. 




Había sobrevolado infinidad de veces los mismos paisajes, pero aún no era suficiente, se necesitaba una cartografía más precisa para localizar las mejores áreas destinadas a futuras bases permanentes y la observación era esencial. La secuencia de imágenes se recreaba en la ruta sur lunar. Veía pasar todos sus cráteres: Tycho, Shackleton… que emocionante tuvo que ser para la primera persona que descubrió esos agujeros- pensó- el orgullo de ponerles un nombre… ella no había tenido una oportunidad como esa, pero la buscaba incesantemente, aunque no creyese que fuera posible.
De repente ¿qué era aquella oscuridad dentro del cráter Amundsen? Parecía otro cráter en su interior, un cráter que nunca había visto, que nadie había visto. Calculó su diámetro…
 -2500 metros- se dijo-  no me extraña que pasara desapercibido. A ver su profundidad… ¿cómo? ¡No puede ser!¡ 20 mil metros! ¡No existe en la Luna un cráter tan profundo!- Comenzó la grabación de las imágenes recibidas y superpuso en la pantalla los datos que le suministraba el ordenador respecto a coordenadas, colongitud, tamaño, profundidad, luminosidad y temperatura para dejar constancia de su descubrimiento. No podía creer lo que estaba viendo… aquello parecía…
-Grietas, Joana, la Luna es hueca y se puede acceder a su interior por una serie de grietas- comentó su abuela desde el rincón que Joana le tenía reservado en su cabeza
- Nunca he visto una grieta tan profunda, abuela- contestó siguiendo el juego imaginario
- Eso es porque no crees en ellas, Joana- y su voz se perdió en un eco.
Y la verdad es que no creía en ellas, ni tampoco que la luna fuera un satélite artificial traído desde otro lugar del universo por seres extraterrestres como pensaba su abuela, una teoría que la había llevado a escribir una colección de novelas de ciencia ficción bajo el pseudónimo de Rosary Maan, con la que logró un notable éxito. En honor a su memoria, Joana nombró a su descubrimiento: el cráter de Rosary.

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A bordo del Rover Explorer III y envuelta en su traje espacial de última generación, Joana recorría kilómetros a una velocidad muy por encima a lo permitido por motivos de seguridad. Su objetivo era alcanzar unas coordenadas grabadas a fuego en su memoria 85,3º S  94,13º E. La base lunar Antártida quedaba atrás sumida en la oscuridad casi perpetua del cráter Amundsen. Delante se extendía el desierto flanqueado por grandes elevaciones que permanecían siempre luminosas, imitando la nieve de las cumbres terrestres. Aquel paisaje hacía más dramático el recuerdo de sus últimos años intentado reencontrar el cráter que jamás volvió a ver. Siempre existió una explicación al fenómeno, quizás un error en el sensor de la cámara, quizás la interferencia de un rayo cósmico…o simplemente, se equivocó, porque ¿quién sabe la verdad? Ni siquiera ella estaba segura de lo que había visto, el convencimiento pleno en su descubrimiento se había apagado como una vela en el viento. Sin embargo, sentía que le debía algo a su abuela, aún la escuchaba insistiendo desde ese lugar reservado en su mente, en las grietas lunares y en la posibilidad de que “alguien” no deseara que se publicara su descubrimiento. Había llegado demasiado lejos para volver a la base, demasiado lejos para dudar, a pesar de poner en juego su continuidad en la misión lunar a la que tantos años había dedicado.
De repente, su localizador le alertó de que había llegado al destino programado. Durante unos segundos se negó a levantar la cabeza, ¿cómo asumir de golpe el final de un sueño? Justo unos metros delante de su vehículo se extendía el fantasma de un cráter inexistente.  No albergó ningún sentimiento, como si contemplara la escena desde fuera y nada pudiera afectarle, ya habría tiempo para llorar más adelante. Y al igual que una niña obstinada en conseguir un capricho, descendió del vehículo y se dirigió al lugar, aferrándose a la creencia en su descubrimiento. Conforme se adentraba en el interior de un círculo imaginario, presentía que todo era verdad, aunque sus ojos le negaban esa posibilidad. En ese instante, la tierra cedió bajo sus pies, como si hubiera sido removida por palas gigantescas, y Joana fue engullida, sin dejar de mirar el horizonte estrellado y sin perder la sonrisa que se había instalado en sus labios.

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Despertó en el suelo, levantó la mirada y comprendió que se encontraba en el fondo de un profundo pozo. El universo se asomaba desde su otro extremo dejando entrever una esfera azul; la Tierra parecía cuidarla desde la distancia. No sabía cuánto había permanecido inconsciente aunque si recordaba una caída en círculos que se hizo eterna. Entonces reconoció el lugar; el cráter de Rosary. La alegría que sintió sólo podía ser frustrada por la imposibilidad de escapar de aquella trampa, algo que en ese momento, no le preocupaba demasiado.
Tras un rato deambulando en la oscuridad, reparó en una luz rojiza que se reflejaba en el cristal de su escafandra, una flecha formada por una multitud de microleds se encendían y apagaban indicando la puerta de acero que se encontraba debajo. Instintivamente, colocó la palma de su mano y ésta se abrió invitando a entrar en un ascensor. Descendió durante un buen rato sin hacerse preguntas y sin tener sensación de movimiento alguno. 

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Joana avanzó por el interior de una cueva de paredes irregulares y llenas de aristas que parecían necesitar el pulido de una mano experta. En el medio de la estancia y contrastando con el primitivo entorno se encontraba una pantalla holográfica de tecnología avanzada, repleta de datos que se atropellaban por actualizarse constantemente. No podía dar crédito a aquella imagen que levitaba delante de ella. Con su cámara de pulsera, comenzó la grabación de su entorno –Esta vez-  pensó- no podrán negar la evidencia. Haré pública esta grabación nada más volver a la Tierra, toda la humanidad sabrá de la existencia de seres extraterrestres…

-No soy extraterrestre, Joana- dijo una voz a su espalda. Ella se volvió temblando, con la sumisión de quien ha sido sorprendida en mitad de un delito. Una persona alta, ataviada con una túnica de lino la miraba con ojos que parecían custodiar verdades ancestrales. Su tez lisa, ausente de toda huella marcada por el tiempo, le impedía aventurar su edad e incluso su sexo
- Mi nombre es Thot- continuó- soy un ser humano, igual que tú, pero vengo de un futuro muy lejano. Aquí y ahora entre nosotros el devenir fluye en sentido opuesto
-¿Cómo puedes viajar al pasado? La posibilidad de estos viajes fue rechazada porque implicaba paradojas insalvables…- comentó Joana sin salir aún de su perplejidad


-Hay muchas ideas que resultan imposibles desde tu tiempo que son hechos consumados desde el mío
- ¿por qué está aquí?- insistió
- Porque puedo aclararte muchas dudas sobre el universo y sobre esta luna
- ¿Quieres decir que vas a revelarme que la Luna fue arrastrada hasta aquí por seres extraterrestres para que pudiera existir vida en la Tierra?- añadió Joana con tono  sarcástico
- No exactamente- sentenció Thot- La Luna no ha existido siempre, como sabes, pero sin ella, la Tierra giraría muy deprisa y tendría vientos terribles que provocarían que el planeta tuviera mucho más oxígeno y un campo magnético mucho más intenso. Además sin la Luna, la Tierra sólo tendría veranos abrasadores e inviernos terriblemente fríos, en estas condiciones no existiría la vida…


- Lo sé- atajó Joana- es una suerte que tengamos una Luna, una suerte muy oportuna
- No es suerte, Joana, es necesidad. Cuando lo que está en juego es la Vida,  el Universo se transforma y se reinventa para protegerla. Por eso, la Tierra sufrió el impacto de un planetoide llamado Theia, y además, en el ángulo preciso para que pudiera surgir la luna donde te encuentras. 
- Pero, si la Vida ya existía y ésta necesitaba de la Luna… ¿Cómo pudo surgir después? - objetó Joana exigiendo una explicación más consistente- Thot sonrió y tras una pausa añadió:



- La Vida nació en un Universo aún por hacer, entonces no importaba demasiado. Cuando ésta evolucionó y los seres inteligentes quisieron conocerlo y comprender sus leyes, comenzaron a observarlo con minuciosidad, por cada observación que realizaban, lo inventaban sin saberlo. Después, para que nunca fuese incompatible con la Vida, el propio Universo se autorreparaba mediante “convenientes casualidades” como el impacto de Theia, sobre la Tierra. Su historia está repleta de estos extraños “ajustes” necesarios para la vida.
- ¿Pero si la Vida necesita de un Universo tan ceñido a sus necesidades cómo pudo existir “antes” que él?- insistió, en un esfuerzo por entender lo que Thot le explicaba
 - Porque el tiempo no existe, Joana, sólo está en la imaginación de los seres vivos. El antes y el después se confunden en una misma ilusión. A medida que retrocedo en la historia, menos elaborada está la realidad en la que nos movemos, si llegara hasta el principio de los tiempos, el Universo no existiría, pero si la Vida. Cada vez que descubrimos algo nuevo, que nunca nadie ha visto, somos nosotros quienes le damos forma y realidad con nuestra observación, por eso este cráter existe Joana, porque tú lo creaste, en un lugar de la Luna donde nadie antes había mirado. Ha estado aquí desde hace millones de años, pero en realidad tú lo hiciste posible hace tan sólo unas horas, cuando creíste en él verdaderamente…

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Joana, despertó junto a su vehículo lunar sin saber cuánto tiempo llevaba inconsciente, levantó la mirada y se dio cuenta de que se encontraba en el borde de un cráter; su cráter. Entonces, lo recordó todo, lo comprendió todo… en el cielo la esfera azul de la Tierra parecía seguir velando por ella, sin dejar de observarla susurró:

 – La realidad abuela,  es más increíble de lo que soñabas.





Marisa Conde