LA ILUSIÓN PERSISTENTE II

En la entrada anterior comentamos que para los presentistas el “ahora” era el único momento con existencia real y, por tanto, consideraban el tiempo como algo absoluto donde el presente sucedía a la vez en todos los lugares. Esto es algo que aceptamos de buen grado porque así observamos la realidad de forma cotidiana y así era como se concebía el tiempo en la época de Newton.

Pero… ¿y si los “ahoras” no sucedieran siempre al mismo tiempo? ¿Y si mi ahora y el tuyo no fueran simultáneos?

Entonces sería difícil seguir creyendo que tan sólo existe el presente.

Esto es lo que ocurre en la Teoría de la Relatividad Especial de Einstein donde un mismo fenómeno se puede producir en distintos “ahoras” según el sistema de referencia desde donde los observemos, ya que, cada uno de ellos posee su “tiempo propio”. 



Si quieres recordar este fenómeno puedes ir a la entrada: La paradoja de Einstein-TARDIS II, cap 1 .

Existe una corriente filosófica sobre la naturaleza del tiempo que afirma que no sólo el presente es real, sino que también lo es, y con la misma contundencia, el pasado y el futuro. Esta postura se denomina ETERNALISMO


El eternalismo considera el universo como un bloque, de ahí que también se denomine “Block Time” o “universo bloque”. Podemos imaginarlo como un libro, todo lo que existe está escrito y lo que no existe no lo está, no se produce creación alguna, todo permanece estático, al contrario que en el presentismo donde existía constante cambio. Esta concepción del tiempo es la ideal para que el fenómeno de la relatividad de lo simultáneo sea posible.

Einstein entendía el universo como un tejido de cuatro dimensiones, esto es, las tres dimensiones que conocemos más la del tiempo, porque si queremos situar un suceso no nos basta con saber dónde, también necesitamos saber cuándo. Pero además, para Einstein tiempo y espacio eran dimensiones intercambiables entre sí por ser de la misma naturaleza, es decir, que el tiempo no es algo que fluya sino que está quieto como el espacio, de esta forma, que un evento se encuentre en el pasado o en el futuro, depende del punto de referencia desde donde lo observemos, son como “direcciones”. Lo que sucede es que es difícil imaginarse una cuarta dimensión, no es algo intuitivo, sería como pedirle a  un ser de dos dimensiones que crea en la existencia de una esfera. 



El motivo por el cuál no podemos interactuar con sucesos del pasado no es porque no existan sino porque no compartimos instantes comunes en la dimensión temporal. Así pues, yo existo en mi “ahora” y Napoleón también, pero en el suyo.
Aunque el fluir del tiempo sea sólo una ilusión por qué va en un sentido y no en otro. 
Si hay algo que no deja claro el eternalismo es 


¿por qué recordamos el pasado y no el futuro? 









Si el presentismo estaba representado por las ideas de Heráclito, los filósofos de la antigüedad que se asemejan mejor a esta idea del tiempo son Parménides y Platón



La tremenda consecuencia que se deduce de esta concepción del tiempo es que todo está determinado, escrito, que nada puede cambiarse, pero entonces surge esa duda que siempre ha acompañado a la humanidad 


¿existe el libre albedrío? 
¿somos meros actores representando el guión de una vida definida antes de que naciéramos?

(Este tema da para mucho, así que mejor lo abordamos en una próxima entrada)

Y ahora queda por preguntarnos… si quisiéramos hacer un argumento sobre viajes en el tiempo aceptando la idea del eternalismo ¿que posibilidades tendríamos? Pues imaginaros, nos sería posible movernos en todas las direcciones, podríamos saltar a un punto cualquiera del futuro o del pasado porque ambos existirían. Claro que… al margen de resolver el pequeño detalle técnico de viajar en el tiempo (Curvas de tiempo cerrada CTC, agujeros de gusano… algo que veremos en otra entrada, también) el salto al pasado conlleva, además, solventar una nueva amenaza: 


LAS PARADOJAS

Una concepción del tiempo donde todo está determinado implica que ningún hecho acontecido puede cambiarse, entonces aquí nos encontramos con un escollo, pues si bien el eternalismo nos permitiría viajar al pasado, nos impediría por otro lado, cambiar nada… pero...
¿cómo podría evitarlo?

Una forma podría ser que, en dicho pasado, ya estuviera recogida la visita del viajero, como si “adivinara” lo que iba a hacer y lo registrara en su “argumento”. 
Pero, esto podría dar lugar a situaciones un tanto inexplicables, por ejemplo, veamos esta historia...


La respuesta del eternalismo sería... no importa, así está escrito, sí pero...

¿De donde salió el amuleto?  ¿cómo se llegó fabricar si este objeto nunca tuvo un origen?

A esta situación se la denomina “bucle causal” ¿Que quiere decir esto? 
Si a toda causa le sigue su efecto, aquí causa y efecto se confunden debido a que el bucle nos lleva al mismo instante en el que se produce la causa. Si el efecto es que la mujer le entrega a la niña el amuleto, la causa es que la mujer lo tiene porque ella se lo entregó cuando era niña, el bucle se explica así mismo. Aunque parezca un “sinsentido” no hay contradicción alguna, no existe en la Física nada que obligue a que el efecto tenga que suceder tras la causa 
¿extraño no? 

Otra situación compleja que se suele plantear en relación con el viaje al pasado es la “Paradoja del Abuelo” que vendría a ser algo como este ejemplo:

El abuelo de Leonard no resiste la impresión


Leonard Asimov fue el primer físico capaz de desarrollar con éxito un prototipo de nave para viajar al pasado. Su primera experiencia con ella fue visitar a su abuelo siendo joven, antes de que  hubiera conocido a su abuela. Al encontrarse con él decide contarle que es su nieto y que viene del futuro, pero su abuelo no resiste la impresión y se muere. 






En este caso nos encontramos con un efecto sin causa. Leonard Asimov existe porque su abuelo tuvo a su padre y éste a él, pero al morir su abuelo sin tener descendencia, Leonard no puede existir,  entonces ¿cómo pudo viajar al pasado?
Esta situación planteada desde el eternalismo no puede producirse, pues supondría una alteración de los hechos sucedidos en el pasado, entonces ¿cómo puede entenderse? Pues simplemente diciendo, que Leonard Asimov no mató a su abuelo, después de todo, puesto que nació.
El físico Igor Novikov planteó el “Principio de autoconsistencia” para resolver este tipo de paradojas llegando a la conclusión de que si un evento pudiera provocar una situación como la del ejemplo, la probabilidad de ese evento es cero. Se podrían dar otras circunstancias, similares a las de un bucle causal que vimos antes, pero no del tipo de la “paradoja del abuelo“ porque no es consistente. Así pues, no habría ningún miedo a que una persona viajara al pasado y terminara impidiendo su propio nacimiento.




A Stephen Hawking le horrorizan tanto estas paradojas que llegó a plantear la “Conjetura de la protección cronológica” pensando que las mismas leyes de la físicas tendrían que impedir necesariamente dichos viajes a escala macroscópica, pues sería un tanto extraño tener que estar continuamente reescribiendo la Historia. A pesar de todo, hasta hoy en día no se conoce que esto sea así. 










Bueno, vamos a resumir lo que se puede y no se puede hacer desde el eternalismo para escribir un argumento sobre viaje en el tiempo:




Así pues, si estáis pensando escribir una historia sobre viaje en el tiempo que implique cambiar el pasado, recordad, el eternalismo NO os lo permite. Pero, todavía nos queda explorar otra perspectiva sobre la naturaleza del tiempo... y quién sabe qué nos podrá dejar hacer...




Referencias:
- El Tejido del Cosmos. Brian Greene
Análisis de las paradojas del viaje en el tiempo
El tiempo en el Ministerio del Tiempo